Introducción al pensamiento cruel

3 enero 2010 - 38 comentarios

¿Cómo sería ser inmortal? Sería estar siempre viva.

¿Y estar siempre conciente conociéndose inmortal?

Me imagino acabándose las razas y las especies y que yo aún vivo, que el sol quema la Tierra donde vivo, que no queda nada mientras yo vivo, que el sol se apaga al fin y yo, sin embargo, vivo.
Y sentir la carne quemada por el fuego, una eternidad de todo el hambre y la única sed, y ¡no tener aire para respirar! ¿cómo sería la angustia feroz de la asfixia sabiendo que es para siempre? ¿y la de seguir viva después de la última estrella, del último agujero negro, de la nada?  

En este punto es que me imagino, entonces, que tener consciencia de la inmortalidad es permanecer en la muerte para siempre.

Ah, que lindo experimento mental, ni acabo de reconciliarme con la idea de la muerte que ya me está doliendo en la carne la traición del conocimiento.

¿Y cómo es estar vivo conociéndose mortal?

Por ejemplo, el de nuestra señora B*, que está a punto de retirarse por la jubilación pero que hace más de un mes que falta porque está enferma. Todos los estudios venían siendo ineficaces para encontrar la causa, hasta que dos días antes de navidad nos trajo los resultados del último. Uno de nosotros abrió los sellos del sobre y los que ahí somos médicos enseguida entendimos, antes de que a ella pudiera decírselo nadie más autorizado, nosotros supimos.

Si es que alguien va a saber cuándo empezó su proceso de morir, será siempre porque los médicos lo sabremos antes.

Me dijeron que la señora B* -y nadie sabe cuánto sabe ella-, piensa hacer y permitir que le hagan todo lo que sea necesario para seguir viviendo, que siente apenas alterados los planes que tenía para su retiro.

¿Cuál es el truco de la vida consciente de su mortalidad? ¿La conciencia o el conocimiento? 

La negación de la consciencia y la falta de conocimiento, podría decir yo, si no fuera porque siempre pienso que nadie puede asegurarme la certeza que tengo de que realmente moriré.

Y porque siempre siento, siento que hay tiempo.

- cogito -´

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Primer reporte fundado en lo que se cree que no pasa

13 octubre 2009 - 12 comentarios

Cuando me lo contaron la primera vez, todo cerró.

Un policía grande, con muchos años en la morgue y la sala de autopsias, no iba a asustarse así como así. Pero ahí lo tenía, relatando ruidos de pisadas, origamis de sombras en las esquinas y pelos erizados a fuerza de suspiros. Me dijo que, aunque exigió que se llevaran inmediatamente el cuerpo, no soportó la idea del final de la noche solo y, sin esperar a nadie, se fue.

El principal sospechoso era el caminante. Lo encontraron muerto por ahí, ahí por donde todos lo vimos durante años caminando. En realidad no sé si recuerdo haberlo visto, pero todos dicen que seguro que sí, y que haga memoria, que sí. Sin embargo, yo no pude culpar al caminante, por más que el leit motiv de su vida de loco haya sido caminar sin descanso, y a veces trotar.

Por más que haya venido a mi morgue sin tener que caminar.

Es que para los días en que todos hablaban del fantasma del caminante, yo ya había observado que todo, absolutamente todo, funcionaba mal. Y no lo hice para protestar, sino para admirarme de esa hermosa demostración de minuciosidad.

No se pueden alterar las probabilidades sin que nadie se de cuenta, y en ese lugar tan nuevo, con sus equipos tan por estrenar, era absolutamente inadmisible que el cien por ciento de todo se rompiera, se quemara, se cayera, se derritiera, se perdiera para siempre o simplemente anduviera mal. Tanta homogeneidad para fallar no es natural, como no lo es que una moneda lanzada al aire caiga siempre en perdiste la apuesta.

Entonces, los fantasmas de lo nuevo eran más viejos que el fantasma más nuevo -pensé-.

Les dije que llevaran un sacerdote para descontaminar el lugar y todos los que hablaban de fantasmas me miraron sorprendidos. Reflexionen un poco -les pedí-, qué importa que yo no crea en fantasmas si los fantasmas, por definición, creen apasionadamente en los curas ¡es una solución tan razonable que no puede fracasar!

Bien, tengo que aceptar que la gente descrea de las soluciones lógicas y prefiera confiar en soluciones mágicas, así que allá todas las cosas esperan por los técnicos mientras siguen en su tranquilo fallar. Yo, cuando voy, busco directo en los bordes, me apuro a seguir una chispa, miro fijamente a los montones quietos, pero no. Todas las veces que me dí vuelta repentinamente -creo que no se pudieron anticipar mis giros-, nunca hubo nada detrás.

Caminante fue de visita a la morgue, pero si estuvo, no se quedó.

Tal vez se pregunten adónde fue. Bueno, miren, el ordenador donde escribo esta historia  últimamente ha tenido un comportamiento muy curioso.  Abre y cierra programas en el instante en que no estoy observando, sale en las impresiones, me revoca las decisiones, escribe a mis amigos y saluda insistentemente a mis amigas hasta que las logra asustar.

No sean tan exigentes, brujas -les contesto cuando protestan-, si es un fantasma todavía nuevo. Qué se puede esperar.

- fake -

 

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Trayectorias en una historia de amor [versión sin ecuaciones]

13 septiembre 2009 - 10 comentarios

Es muy difícil contar esta historia sin fórmulas matemáticas o estadísticas, pero no tengo más remedio que hacerlo, y no para evitar que ustedes abandonen la lectura aburridos, sino porque todavía no las sé.

Conocí al protagonista de este amor en mi despacho, cuando vino esposado y pretendiendo que lo creyéramos loco.

Habló de espíritus, de fobias, de delirios, de miedos, de incomprensiones, de sueños, de predestinaciones, de una bandeja de imaginaciones, adicciones y desconexiones.

Nada le creímos a él ni a su valet. Pero sí todo lo que negó.

La historia es simple y si se quiere, llena de amor.
Tenía 22 años y se enamoró de otra, ¿qué podía hacer sino irse con ella? Pero un día mamá les pidió la pieza que les prestara para un hermano sin trabajo -las madres protegen según la debilidad-, así que desafiando los convencionalismos nuestro hombre llevó a su chica a la casa familiar -la de él-.
Lamentablemente su mujer no quiso dejarles del todo la casa porque verán, ella pagaba las cuotas y mantenía ahí al bebé. Convivieron un tiempo entre gritos y reproches -que es lo único falto de originalidad en esta historia-, hasta que muy tarde una noche, no encontrando otra salida, arremetió contra su mujer a cuchilladas, mientras en sus brazos -los de ella- se interponía el bebé.

Lo del bebé no lo supimos bien, pero tenía más heridas de cuchillo que la mujer.

Mamá y hermana acudieron a hora incierta para llevar al bebé a la salita y después al hospital donde enseguida murió, como no podía ser de otra manera si ya estaban claras de luz la madrugada y de la nada su sangre.
Es importante que les cuente que al mismo tiempo que encontraban el cadáver ya rígido de la mujer y lo aprehendían a él, declaraban primero una y después la otra que el pobre veía espírtus, tenía fobias, delirios, miedos, incomprensiones, sueños, predestinaciones, toda una bandeja de imaginaciones, adicciones y desconexiones, en estricta superposición de orden. Y que unas horas después lo repetían hermano, cuñado, cuñada y tío, todos los parientes de por ahí. De chica nueva no recuerdo bien ahora qué historia se obtuvo, pero capaz también.

Es que Mamá ama a su hijo y ajustó una salvaguarda de locura mientras lloraba su agonía el hijo de él -tal vez pudo pensar que no era en realidad su nieto -, y nomás lo digo porque es típico de suegras, ya que el amor loco de las leonas sabe contar hasta uno, de a uno en uno en una y en su sola generación.

Pero existe la certidumbre absoluta de que el bebé lloró. Si, lloró y lloró.

Lo que sigue ya lo adelanté, Mamá pagó intervenciones y dictámenes, pero fue dinero completamente desperdiciado, porque a él le negamos el dudoso confort de un loquero y los privamos a todos del alivio de una culpa excusable. Cada tanto regresa, pero alguna vez se cansarán de pedirmos revisiones cuando entiendan que no hay caso para él. La madre, en cambio, sigue suelta.

Me hubiera gustado ofrecerles fórmulas -precisas al extremo de estimar las probabilidades de error- en las trayectorias personales y en los desplazamientos del cuchillo en intersección. Todos los de la historia amaban, al modo griego de la tragedia donde la causa es excesivo amor, pero no todos fueron igualmente amados.

Yo quisiera calcular con exactitud cuánto no.

- cogito -

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