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El modelo de las historias de todos con todos se puede resumir así:
un día nos conocemos y
nos despedimos otro día.
¿Qué pasa en las historias? Pero si no hace falta que las leas, ¡ya te conté el final!
Esta es la forma de un modelo perfecto. Es lógicamente deducible de nuestra condición fragmentaria y mortal, es lo que necesariamente ocurrirá, y si aprendes a verlo de este modo necesariamente te confortará.
No hay nada amargo en considerar que todos nos estamos alejando de todos, corriéndonos al rojo, pero tal como se verifica para todo lo que brilla en este universo, cuanto más roja es la distancia del alejamiento contigo, mayor será la velocidad de ese corrimiento. Y porque esto es así, si tu intención es morir o irte, apresúrate a ejecutar los gestos, porque es inevitable que ese otro esté dejando de vivir o se esté ya despidiendo, y podrías ser aventajado en rapidez.
No, no, no… ¡no dije eso! El modelo hace inútil que te preocupes por los detalles, pero eso no quiere decir que historiar sea trivial. Después de todo, nuestras mentes son colecciones de sucesos conectados entre sí por cadenas-memorias hacia atrás y hacia delante, y mientras memorizamos nuestras historias de corrimiento al azul se producen cosas, aunque el azul sea contingente. ¿Acaso no te quedó un título, algunas cenizas, un nombre, o mejor… hijos, o aunque más no sea ese tatuaje?
¡Y no desesperes! Te aseguro que existe atrocidad en lo perfectamente bello y que hasta en lo absolutamente horrendo se puede encontrar un perfil hermoso. Te prometo también que las tragedias griegas no existirán.
Asombrosamente claro e inesperadamente dulce, uh?
sep, así soy yo… a veces

 

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