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la del treinta y uno fue una noche fría para ese ciclista, y tal vez por el frío los idiotas prendieron antorchas y entibiaron la noche para el conductor del colectivo
hubo uno que pudo calentar su cuerpo con adrenalina y enfriar toda emoción culpable para conservarse con vida, y otros que con furia hirviente pretendieron arreglar los destrozos, dejando desabrigado en la ruta al protagonista de ser despojo instantáneo

la del primero fue una noche triste para quien, horas después de todo aquello, con la mente y el corazón congelados abría un cuerpo rígido que todavía estaba tibio
toqué el interior fragmentado y estaba cálido, y ví cuando el olor a sangre y a huesos rotos se volvía vapor en el aire

y nada, pero nada, de todo esto que escribo salió en las fotografías

hay veces en que no poder dar cuenta de lo importante, más que con palabras, es sencillamente insoportable

y mientras, dos pescadores siguen helándose sumergidos en el río
y mientras, un número indeterminado de personas se calienta con monóxido de carbono

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