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soñador, despegar los pies de la tierra es peligroso
pero si la trampa existe, no es original

Lo que hacía yo: Nada, observaba el vuelo quebrado de una mosca en mi jardín, que justo abandonaba su cautela errática y decidía aseverarse en su destino verde-presa de trampa. Y sé que a mis ojos lucen invertidos los efectos y las causas, pero tuve la certeza de que la dirección de ese último aleteo era la mejor justificación de su posibilidad de volar. Mientras esperaba la cena, me distraje con lo que sucedía en el museo, y escuché…

Lo que preguntó el visitante: -¿Quién es el cazador?

Lo que respondió el guía: -Todo lo que está exhibido es el resultado de la rapiña de ese jardín, el que se ve desde la ventana de la sala de trofeos.

Lo que contó el herbólogo: -Este es un jardín extraño, las plantas se arrastran, se yerguen, se enredan, florecen, perfuman o hieden, colorean, confunden, marean, asfixian, se entrelazan, lo abrazan. Verá usted dionaeas, droseras, utricularias, sarracenias, nepentes, heliamphoras, cephalotus, aconitinas, amapolas, belladonas, cactus, beleños, digitalis, cólquicos, retamas, cannabis, adelfas, almendros, eléboros, hiedras, strychnos, coca, estramonios y mandrágoras. Nadie plantó y nadie cuida de esas plantas.

Lo que me dijo el cocinero: -Corté la dionaea que crece bajo el tabaco y que atrapó la mosca, se la traigo servida en una ensaladera blanca y con sólo un tenedor.

Lo que me pidió el conservador: -Cuando acabe su cena, entrégueme las alas que le queden en la boca después de masticar las hojas que disolvieron la mosca. Ya tengo el marco adecuado y el espacio en la pared.

Lo que explicó el herbólogo: -En la fronda he identificado especies tóxicas, alucinógenas, carniceras, urticantes, venenosas, paralizantes, narcotizantes, somniferas y adictivas. Ninguna es inocente, todas son asesinas, y cada una tiene sus propias armas y su plan.

Lo que aclaró el guía: -Nuestro catálogo incluye pares simples y dobles, membranosos, de plumas, piel, nervaduras, huesos o quitina, y también de escamas, algunos pares son tan sutiles que no se ven. Podrá apreciar que la colección está especializada según las piezas que el jardín atrapa y devora.

Lo que replicó el visitante: -En lo que dice advierto un error, no son las plantas las depredadoras, sino la vegetariana carnívora que caza oblicuamente con las trampas del jardín.

Lo que pensé yo: Entonces si, y si en las paredes clavo pares de alas es porque me alimenta lo que puede

-y sabe cómo-

volar.

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