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si el arte de los poetas es trascendente,
entonces la verdad está en lo obrado

 

Dijo el poeta que aprovecharas el día sin preguntarte por el mañana, y tal vez lo hayas escuchado,

pero ¿fue tu instigadora la poesía?

Siempre culpan a la poesía porque ella se halaga atribuyéndose conducta criminal, pero yo no me dejo engañar.
Por el contrario, creo que si de algo fue responsable la poesía, fue de que pensaras en coordenadas homogéneas, en gigantes invisibles, en vuelos suspendidos, en países con algunas pocas ventanas desde donde espiar. Yo, que usualmente dudo del poder de la poesía tanto como dudo de los grandes problemas, creo que en todo caso hizo que te conformaras con admirables pero falsas hipótesis, apenas oportunidades para esperar.

Desde donde yo investigo las cosas que pasaron no puedo permitir que se condene a la poesía, ni a las canciones. Esas farsantes te habrán dicho que desgarres los mapas y rompas con las reglas, que te prepares para vivir, que te atrevas a perder, que sangres y que extrañes y que apuestes todo. Pero nunca las viste como yo, conectadas a los detectores. Ellas no pueden contra la contingencia de los límites, ni son asesinas de los espacios completos, y hasta se quiebran en crisis, aunque admito que sufren muy bellamente, cuando enfrentan la inconmensurabilidad.

Y si esta no fue cuestión instigada por el arte de las palabras, entonces acuso al arte que siempre se sustrae a toda sospecha, porque aunque aún no tenga pruebas para aportar, estoy segura de que todo fue culpa de los números.

Es extraño que no se canten las matemáticas, ni se recite la suerte de los gatos cuánticos, ni preocupen las minas explotando en la realidad. Nos han infiltrado con números vampiros y narcisistas, teorías de la dualidad, hipótesis de censuras cósmicas, estadísticas de superposición de lo indistinguible, raros teoremas de espacios de goma y tiempos y proximidades para acomodar.

Miles de veces nos dijeron que un espacio no podía doblarse sino hasta ocho veces, y lo convirtieron en una cuestión de fe. Y entonces maravillosos descreídos lo doblaron también una novena vez. Tres en el tres, y con sólo seis axiomas del origami se puede tri-seccionar sanguinariamente un ángulo molesto y partir con alevosía la rigidez.

Y ¿quién desconfiaría de un papel plegado?

Nadie se fija, pero yo sí, que con las matemáticas en la mente y los problemas en los puños se pueden trazar montones de planes peligrosos. He investigado una extensa colección de insidias, planes para doblar las conductas y aproximarlas, para doblar los límites y encerrarlos en círculos no triviales, para doblar la curiosidad y darle la bienvenida en el futuro de una sucesión de mañanas imposibles, para doblar la fragilidad y comenzar un mundo artificial normal, para doblar la conexión alucinándola en funciones que ruedan la sinuosidad, y para doblar la incertidumbre y servirla mezclada con la intuición de lo incontable.

No, la poesía no te instigó a actuar, en cambio la tendré en cuenta como sospechosa si se fuga premeditadamente para incitarte a abandonar (porque en poesía, como sucede con los milagros, lo que importa es la intensidad). Pero como por ahora no se portó mal, dejo que juegues el juego de la poesía sin vigilar.

Y sí, definitivamente creo que la culpa de todo lo que hiciste es de las matemáticas, que te dieron para actuar un plan tan simple como perfecto,
hacer probable la más absoluta improbabilidad.

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