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¿tenés en los dedos huellas dactilares falsificadas?
ah, pero esa es otra cuestión

Hasta hace unos dos años yo solía decir
– Debí haber crecido para ser alguien diferente, pero ya no puedo saber quién.
Juan me escuchó una vez y me contestó
– Eso que decís es hermoso, con la clase de hermosura que tiene lo que es horrible.

Y no lo dije nunca más, es que lo mío no era una búsqueda estética, era otra cuestión.

La Sra. Ere Hache de Ere y el Sr. Ele Ere fueron sepultados hace veintiocho y treinta años, respectivamente, en tumbas no contiguas que guardan una distancia de unos cinco metros a lo largo del mismo pasillo. Las lápidas, sin embargo, son similares.
Cuando la ley y los tratados internacionales del mundo occidental dicen garantizar el derecho a la identidad personal, en realidad ¿qué quieren decir?

El 13 de febrero cumplí la orden de la Sra. Juez Eme Ese de Ce, quien me mandaba desenterrar un matrimonio fallecido para establecer la filiación biológica de alguien. Pero el nombre de ese alguien no estaba entre las letras desprolijas de la carátula.
Dado para alguien ser una persona humana ¿podrá evitar ser idéntica a sí misma y diferente de los demás?

En una de las fosas encontré huesos, en la otra tierra mezclada con dientes. Llevaba puesta la vestimenta y equipos de rigor para que mis genes no contaminaran los de la exhumación. Ojalá haya constado también en vuestro acta, Secretaria, que bajé a las fosas con mis sandalias de marca, porque también son de rigor.

Si con el estado actual de la ciencia y la biotecnología se encuentran índices de verosimilitud que excluyen la coincidencia de uno mismo con otro cualquiera en el número de la población mundial ¿no era ya un gran triunfo entender que filiación es sencillamente ser hijos de la misma especie?

Siguiendo la técnica, los restos exhumados por analizar se preservaron en contenedores separados, ultra rubricados y custodiados. Por respeto a la sensibilidad religiosa de los presentes, reservé la limpieza para otro ámbito. Todo bien, pero debieron haberme provisto de contenedores de otro color, sinceramente el verde no me gusta.

Las hipótesis futuribles, las que formulan lo que pudo haber sido pero no fue ¿contaminan de algún modo los hechos de lo que sí sucedió?

El 15 de febrero, en presencia de los funcionarios y actuarios abrimos los contenedores y limpié con delicadeza los restos de cada uno de los fallecidos con cepillitos de cerdas suaves. No fue premeditado ni mucho menos, doy fe, pero para ella me dieron un cepillito rosado, y para él uno azul. También documentaron esos actos tomándome fotografías.

Si existiera posibilidad de calcular las distancias entre el yo conseguido y el yo sustraído ¿podría uno decir con fundamento válido, yo soy el que no fui, yo no soy este que soy?

Dos contenedores con restos humanos limpios de adherencias, reliquias de una historia biológica suelta. Dos lápidas con leyendas de memoria familiar, reliquias que esperan adherirse a un nieto limpio, con historia por memorizar. Y las simetrías sádicas son las más bonitas, según creo.

Dime, Juez, cómo haremos en el que viene viviendo y siendo para reemplazarle con recuerdos de lo no sido sus recuerdos contraindicados ¿es que será una muela, o esta tibia muerta, el factor de atribución?

¿Y quién soy yo para decir? ¿Les jode que igual lo diga? ¿Y piensan que eso a mí sí?

Igual quisiera agregar, y ni yo ni los fallecidos somos devotos de santos católicos precisamente, que después de treinta años separados dos contenedores verdes llevados a freez estuvieron juntos por todo lo que duró el día de San Valentín.

Por favor, que no se entienda que lo anterior introduce una variación cursi en el tema,
lo mío es otra cuestión.

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