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sin permiso, pero no es para vos

suficiente sol como para sentir el proceso de la tristeza, pensó suspirando el caballero. Un poco tembloroso se puso la armadura, eligió una lanza y marchó. Así es como empieza, y aunque parecía por momentos que todo terminaba no quiso imaginarse más que dominando al monstruo. Como servidor de la Nobleza esperaba vencer allí donde sus camaradas habían caído. Los servidores del Valor, la Defensa, la Humildad, la Fe y la Templanza ya no existían, y del servidor de la Justicia nada se sabía desde que hubo partido. Cabalgó hasta que encontró la fuente de piedra, y frente a ella y desperezándose, a la princesa. Se acomodó el yelmo brillante y esgrimió la lanza. Trató de suspender el juicio, de contener los nervios, de no sentir nada, y cargó apuntándole al corazón. Entonces, de la espalda de la princesa nacieron alas negras que la convirtieron en ángel primero y dragón después, y la elevaron un poco del suelo. Miró con indiferencia un tanto compasiva al caballero, pero como también estaba armada tensó el arco y con una flecha le atravesó la garganta. Luego volvió a posarse en su fuente dejando que todo se cumpliera al fin para el vencido.

– Vete –susurró medio dormida-, esta no es mi faena.

Se dirá que todos sabemos que este caballero no podría matar ni morir a manos de un dragón por más mortífero que fuera el ataque sufrido, pero convengamos que él lo hubiera preferido. ¿Es que hay algo peor que volver con la garganta ensartada y dando esa impresión absurda? Caminó junto al caballo sintiendo el frío, a garganta atravesada por la flecha y el aire silbante de la respiración, sin más estrategia que la de tratar de demorar el regreso. Pero evitar no es impedir y llegó el momento en que se encontró de nuevo en la fortaleza. Ya frente al portal, con el temor extrañamente desaparecido, pudo reencontrar sus fuerzas en la calidez de la adrenalina y la esperanza. Es que no podía renunciar, es que merecía vencer, es que era impensable la derrota. Cuando cedió todo resto de aflicción, llamó a la Reina, su dueña.

– Ave, Señora –dijo con gallardía-, os traigo en la carne mis galardones, podéis dar inicio a la lucha. El Monstruo avanzó, en los ojos bailando la burla y la ira.

– Necio, habéis permitido que el mismo dragón que aborrezco hiriera vuestra garganta, y aún venís a presentaros tan vergonzosamente ante mí.

Nuestro caballero había visto cómo sucumbían sus camaradas ahogados en el razonamiento estrangulante de la Reina, así que mostró sus heridas para enardecer al monstruo que la dominaba, pero astutamente calló y no respondió. Se acercó preparado para doblegar a esa furia con los lazos de su propio carácter. Debía lograrlo, ya casi no quedaban luchadores para liberar a la Reina. Y pareció suceder. La Reina retrocedió, aquietándose ante la poderosa influencia del servidor de la Nobleza. Ahora el dragón se sentía casi pequeño y muy lejano en su fuente. El caballero esperó. Esperó hasta que la Reina pudo mirarlo sin ver la flecha que le atravesaba la garganta, y recién entonces se inclinó arrodillándose ante ella.
La hermosa Señora palmeó sus hombros, como agradeciéndole gentilmente las gestiones, pero ni bien notó que los músculos del siervo perdían tensión y la cabeza se vencía de alivio, con un movimiento inesperado y seco se la arrancó con las manos.
Y como se sabe, este sí es un modo adecuado para ultimar a un noble caballero. La Bestia reinante se limpió la sangre de las manos al tiempo que miraba con odio inimaginable al dragón desde su fortaleza.
La princesa Dragón levantó provocativamente una mano y la saludó sonriente desde su fuente creando en ella la más exquisita violencia.
Muy detrás, entre las reliquias de los otros luchadores que quedaron en el armario –sin contar al de la Justicia, desaparecido como ya dijimos- el último caballero, el siervo de la Generosidad, espera su turno para vencer o sucumbir. Ya será llamado a terciar en el conflicto entre la mente monstruosamente embravecida por la frustración y ese corazón traidor que se va detrás de aquella, más que ángel, víbora.

Y él no es un optimista, para nada.

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