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Por la ruta y con la música al borde del trauma acústico, algo raro pasa, siento. Pero se arregla cambiando de velocidad con una palanca.

En la oficina la piel se eriza, apaguen el frío artificial. Nuestro auxiliar fue a un procedimiento hace unas noches para encontrar que era de su sobrino el cadáver que levantaba del suelo y de la sangre. Son pocos días desde que volvimos al trabajo y parecen meses, pero a vos también te tocó difícil, las estadísticas no mienten.

No me muestres que no miro, veo que nada,
si yo apenas puedo, que ellos no entren.

Casi que no, pero se hace, con la mente en blanco y abriendo el paso con machetes hasta donde alguien cuelga, justo en el medio del monte. Y si de lo intangible queda sólo el olor, como dirías vos, eso para nosotros poco cuenta.

Faltamos, levanto la voz hasta cuando escribo, y así no escucho.
La morgue se hace cargo de los suyos, a vos te consta, porque del accidente de colectivos del lunes nos trajimos roto a quien venía a relevarnos del siguiente turno.

Hoy hizo calor desde temprano, pero apenas tibio estaba el hijo de uno de nosotros que nos dejaron en la morgue. No sabemos porqué lo mataron, solamente investigamos en su cuerpo lo afilado de su muerte.

Y hoy es el día de los cinco años que hace que estoy en esto, pero vos leerás mañana que para ella, que saltó desnuda desde tan alto al suelo, fue el último.

El trabajo iguala y la directora no usa chofer, y todo significa alguna cosa, 
aunque a vos no te importe.

– ego –

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