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Yo estudié Piano con profesores, y también Francés. Estudié Inglés en institutos y Ballet en academias. Fui alumna de Artes Visuales en la Escuela de Bellas Artes, pero no fui al taller.

Me fugué de las clases de Teatro y Declamación cuando era tan chica que no recuerdo de dónde es que me escapé.

Mi papá me enseñó a preferir sacar diez, los nombres de esos instrumentos, el amor por las herramientas raras, cómo suturar el orgullo y cuál es el modo correcto de sangrar. Aprendí de él tantas lecciones contradictorias extraídas de los mismos hechos que, para ordenarme, las voy dando por ciertas según cronogramas. Hoy, por ejemplo, la fase marca que no importa qué, siempre te despedirás.

Mi mamá, bueno, mi mamá me enseñó un montón de cosas, y para ser honesta eran cosas que yo quería aprender. No carguemos tintas sobre la madre mía. Ahora sé tejer, bordar, cocinar, coser, limpiar, elegir las frutas que voy a comprar y todo lo otro que hace falta saber para no ser como ella.  

Aprendí el catecismo, fui a misa, estuve donde había necesidad. Oremos, que yo una vez recé, y amen.

En las universidades estudié carreras completas y me entrené en hospitales, en juzgados, en el campo exploratorio, en las cárceles, en la calle peleando y salpicada de las miserias ajenas también.

Varias actualizaciones de mi cinto negro, el maestro instructor me enseñó cómo hacer con mi cuerpo, durante un tiempo, lo que antes no hacía y tal vez rehará.

Pero nunca nadie, nunca, me dijo que iba a ser la perra sin importar si fuera o no cierto. Y siendo visible para todos yo no lo veía, aprendí a descubrirlo sola. Así que también sola ahora, frustrando a los imbéciles, decepcionando a los abusivos, contrariando a los perezosos, defraudando a los fraudulentos, enunciando la tranquila verdad a los hipócritas, obstruyendo la huída de los cobardes, estoy experimentando un nuevo placer, me estoy enseñando a dejarme llevar y sentir ese poder.

A la gran perra, culpable de su inocencia técnica, mucha salud.

conflictiva –

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